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En primer lugar, desearía agradecer al Colegio Oficial de Psicólogos y, especialmente, a todo el grupo de compañeros de "Psicología y Medios Audiovisuales/Artes Escénicas" el que me hayan dado la oportunidad de presentar esta película, teniendo además el privilegio de contar con la presencia de Alicia Luna.
Pese a que frente a esta gran película "no se puede más que enmudecer", me he animado a transmitiros algunas de las reflexiones que, tras el impacto de su primera visión, fueron germinando dentro de mí.
He querido titular a este breve trabajo "Te doy mis ojos": "La historia de una mirada desde el 'Vivir sin estar Viviendo' al 'Vivir viendo"; título que tomo prestado del poemario de Luis Cernuda "Vivir sin estar viviendo". Del II de sus 'Cuatro poemas a una sombra' desearía leer unos versos que creo que nos permitirán evocar y comprender, de entrada, el vínculo que mantienen nuestros protagonistas: Antonio y Pilar, tal y como entiendo que lo plasma desde el principio la poesía de las imágenes de esta película.
'TE DOY MIS OJOS': LA HISTORIA DE UNA MIRADA DESDE
EL 'VIVIR SIN ESTAR VIVIENDO' AL 'VIVIR VIVIENDO'
Negado a tu deseo, hallas entonces
Que si tocas tu mano es con su mano,
Que si miran tus ojos es con sus ojos,
Y tu amor en ti mismo
Tiene cuanto le dio y en él perdiera
No lo busques afuera. Él ya no puede
Ser distinto de ti, ni tú tampoco
Ser distinto de él: unidos vais,
Formando un solo ser de dos impulsos,
Como al pájaro solo hacen dos alas.
(Luis Cernuda, De Vivir sin estar viviendo, II de sus 'Cuatro poemas a una sombra ')
Esta película galardonada con siete premios Goya comenzó siendo un corto que se llamaba ´Amores que matan ' , nació de la inquietud que a dos mujeres les producía el escalofriante tema de la violencia de pareja que nos asalta constantemente en los medios de comunicación. Ambas mujeres: Alicia Luna (guionista de la película) e Iciar Bollain (directora y también guionista de la misma) sentían que había muchas preguntas que no sabían contestar.
"¿Por qué una mujer aguanta una media de diez años junto a un hombre que la maltrata? -comenzaron a preguntarse- ¿Por qué no se va? ¿Por qué no sólo no se va sino que incluso algunas aseguran seguir enamoradas?" "Las razones de depresión económica - se empezaron a decir- no explican el hecho de que una de cada cuatro mujeres en Europa y Estados Unidos aseguren haber vivido una relación de violencia en su vida".
Creo que el valiente, profundo y riguroso trabajo de investigación que estas dos mujeres emprendieron ha sido recompensado con creces a través de esta película que no sólo ofrece respuestas para algunos de sus interrogantes, sino que tiene la virtud, a mi juicio, de ir respondiéndolos abriendo otros nuevos con el encanto de la sencillez que la recorre como sello último del arte.
El título surgió después del guión y de la lectura por parte de su directora de una reseña en el periódico que hablaba de un libro de poemas de mujeres afganas que contaban sus sensaciones desde el burka. Al título de uno de estos poemas que era: "Y te daré mis ojos" su directora comenzó a darle vueltas. De esta manera, se lo planteó en presente: 'Te doy mis ojos'. Casualmente, este título romántico e inquietante a la vez, coincidía con un juego de la pareja en que se regalan cosas y con algo que esencialmente le ocurre a nuestra protagonista: que entrega y pierde su mirada y su propio Ser, deslumbrada por la idealización.
La película comienza con la huída del hogar de una mujer que, despavorida, deambula con su hijo por unas sórdidas y claustrofóbicas calles de Toledo impregnadas por el color del miedo: el violeta. Este color es el que, a partir de ahora, se repetirá y nos hará vibrar, como las notas de la melodía del compositor Alberto Iglesias, a lo largo de toda la película. La huída de esta mujer que se llama Pilar (y que, paradójicamente, parece carecer de un pilar en el que sostenerse) la conduce a casa de su hermana Ana (que funcionará al modo de un 'refugio psíquico' para nuestra protagonista). Ana, personaje que al decir de nuestra directora representa el deseo puro y simple de ayudar de todos nosotros atravesado por una falta de entendimiento y comprensión como espectadores de este complejo drama, creo que también representa un aspecto de la propia Pilar con el que ella misma entablará un combate a lo largo de toda la película. Creo que este aspecto lo podríamos entender como su forzada autoimposición de que se cumpla 'todo eso que sus ojos temen ver si llega a ejecutarse': el derrumbe de la idealización que la mantiene prisionera de Antonio y que irremediablemente podría abocar a la separación del mismo. Esto es lo que intenta Ana a lo largo de toda la película: abrirle forzosamente a su hermana los ojos (de la misma manera en que abre el sobre donde se encuentran los 'informes de urgencias' de Pilar) los ojos que, paradójicamente, ella entregó a Antonio.
De esta trágica entrega de la mirada seremos rápidamente espectadores cuando contemplamos la escena construida con planos muy cortos que se desarrolla en la puerta de la casa de Ana. En ella nuestros protagonistas se retratarán a sí mismos con un sobrecogedor juego de miradas. Sobre un fondo oscuro y violeta podemos contemplar los penetrantes y dominantes ojos de Antonio que hablan de una mirada intrusiva y violenta: 'la mirada de las sombras de la muerte' que desea conocer para poseer, sin poder reconocer. Esta turbadora mirada es la que, pese a los infructuosos intentos de Pilar de esquivarla desde su ambivalencia, la hipnotiza, penetra, y ciega en esta tenebrista 'historia llena de silencio y furor' -como diría Piera Aulagnier-. Esta disruptiva presentación de nuestros protagonistas a través de este inquietante juego de miradas que encarna la esencia de su relación nos la podremos representar después, a través de los ojos de Pilar y de la mano de Rubens, como el mito de 'Orfeo y Eurídice'.
La historia de 'Orfeo y Eurídice' es, al decir de los expertos, el símbolo del amor absoluto e imposible que ignora la muerte y que lleva en sí mismo el sello de su propia debilidad: Orfeo no es capaz de superar la última prueba, y es el propio exceso de su pasión impaciente que explora un ámbito prohibido para el hombre la causa de la pérdida de la amada. Y, lo que es más, no es su amor lo que le permite entrar en los Infiernos, sino el poder de su canto.
Desde esta perspectiva, ¿no podríamos considerar este mito como una alegoría de la intolerancia a lo que Donald Meltzer conceptualizó como 'el conflicto estético'? Para el psicoanalista inglés Donald Meltzer aceptar el conflicto estético implica, entre otras cosas, aceptar que hay algo de la complejidad del objeto de amor, sentido como bello y ambiguo a la vez, que pertenece a su interioridad y que a nuestros ojos se nos representa como misterioso, desconocido y enigmático. Creo que este es el conflicto que, esencialmente, trata de evitar activamente nuestro protagonista quien, preso de la envidia que le genera la belleza que emana de la creatividad de Pilar, trata de poseerla intrusivamente, de violarla, al precio de bloquear su imaginación y desposeerse él mismo de su propio mundo interno.
"Yo lo único que quiero es tener una relación normal. (…) Que los dos sepan dónde está el otro, qué hace, qué piensa"-dirá Antonio al psicólogo invadido por la angustia. Éste, mientras, le responderá: "No se trata de controlarlo todo, sino de tener confianza… Además, ¿cómo vas a saber lo que hace el otro en cada momento? ¿Y lo que piensa? ¿Y lo que sueña?"…
Como dicen Lía Pistiner y Silvia Neborak en su trabajo 'El don no solicitado': <<El símbolo usado como instrumento para investigar golpea y estimula la mente, pero también puede despertar el odio de la mente primitiva hacia la verdad. Esta se apodera de los símbolos complejos para usarlos al servicio de las anti-emociones: envidia, voracidad, hipocresía y cinismo. (…) En la desmentalización y la mentira hay un "arte" que precisa de técnicas de empobrecimiento, de trastocamiento de los significados...La tolerancia o intolerancia a la frustración, a la incertidumbre, a la ausencia de objeto {de un otro}, es uno de los factores para que se produzca una transformación simbólica. (…) En este último caso {cuando hay intolerancia } puede desarrollarse una relación parasitaria en la cual la mente primitiva despoja a la mente evolucionada de sus logros simbólicos poniéndolos al servicio de la omnipotencia, la violencia y la mentira>>. Creo que durante toda la película podemos asistir a este dramático proceso de desmentalización y trastocamiento por parte de Antonio de los significados y símbolos que Pilar ha ido descubriendo a lo largo de su proceso de crecimiento interior. Antonio, por ejemplo, le dice a su terapeuta: "Pilar habla de gilipolleces en el museo todo el día. (…) Yo hablo de cosas normales." Y, hacia al final del film, asistimos al momento de mayor tensión dramática de esta historia tras el anuncio que Pilar le hace a Antonio de su marcha a Madrid para trabajar como guía de exposiciones. Es entonces cuando Antonio, de la misma manera en que despoja de sentido al maravilloso cuadro de Rubens de 'Las tres Gracias' transformándolas únicamente en 'unas Lolas en pelotas', también despoja, desnuda y arrasa con el cuerpo de Pilar cuando brutalmente la expone desnuda frente al balcón de su casa.
Para la directora de esta película "Antonio es alguien que tiene posibilidades de verse a sí mismo y cambiar. Se frustra, no entiende y, de repente, sí entiende y decide escoger el mal camino: controlar, dominar, someter y atacar. Se lee en su cara y en su cuerpo."-nos dice.
Sin embargo…, también podemos ver a otro Antonio que nos produce conmiseración. Aquel que es presa de la burla de su hermano cuando tiene 'buenas ideas'- como le dirá la pareja de éste. Esta es la escena que para nuestra directora permitirá contextualizar a este personaje y que nos muestra a un Antonio que se acobarda frente a un hermano que lo trata como a 'un mulo de carga'. Pero su falta de coraje le llevará a desplazar, proyectar y descargar después su terrible ira sobre Pilar y su hijo que 'mira y calla' presa del pánico a lo largo de toda la película. Y junto a este Antonio tan terrible y siniestro también podremos ver a otro que nos conmueve y con el que nos podremos congraciar -al decir de nuestra directora. Es el Antonio deficitario que enmudece frente a las cualidades y la hermosura de su amada y no puede describirlas más que diciéndonos que hay algo de ella que le gusta mucho y es que: "Pilar se mueve rápido, haciendo muy poquito ruido…pero la sientes ¿entiendes? No sé qué es, las pulseras que le suenan, la ropa, los pies, ligeritos…No sé...es un sonido de ella…, que me gusta…Me quedo como atontado, viéndola moverse, escuchándola". Ese es también el Antonio que bulle y se mueve como la corriente del río Tajo y que siente que no puede competir con el mundo de Pilar y es víctima de un 'ataque furibundo de celos y angustia al tiempo que se rompe de miedo'. Es aquel que, presa del pánico, le dice al psicólogo: "¿Y si Pilar se enamora de otro y se va? A mí… ¿qué cojones me queda? ¿Por qué va a quedarse conmigo? ¿De qué puedo hablar yo con ella? ¿De pedidos y albaranes? ¿Qué le puedo ofrecer yo? ¿Un sueldo de mierda, un piso de nada y dos semanas de vacaciones con mis padres? …" Y también es aquel que se queda en blanco frente a 'la hoja en blanco' incapaz de recordar durante la terapia de grupo ningún momento de paz y disfrute. ¿Se habrá visto realmente totalmente carente de estos momentos? ¿O, quizá, se quedó como Piritoo y Teseo misteriosamente 'soldado a la silla del olvido' perdiendo la noción de su identidad tras bajar a los Infiernos dispuesto a raptar a Perséfone? O… ¿sobre un fondo de fantasías expulsivas anales se deshizo indiscriminadamente de todo cuanto de bueno y bello había dentro de él en su intento de expulsar toda esa corrupción interna que le aprisiona? Nuestro personaje, enarbolando su propia expulsión anal como si se tratara de un baluarte, pervertirá a Pilar para que se una a él mientras la incita a que vociferen exaltados: "¡a tomar por culo todo!".
Pero… ¿y Pilar? ¿Cómo se enfrenta nuestra protagonista al 'conflicto estético'? ¿Representará Orfeo un aspecto suyo encarnado en Antonio del que es víctima pero que se convierte también en su propio verdugo? Una bella imagen donde se solapan, difuminándose y formando una continuidad, los colores de la libreta en que Antonio escribe sus precarios secretos con los colores del cuadro de Kandinsky que posteriromente nos explicará Pilar y que podremos comenzar a escuchar y sentir guiados por la música de Alberto Iglesias, nos mostrará al Orfeo de Pilar tañendo su lira. Y lo hará metida en la mente de Antonio, leyendo en su libreta sus más íntimos secretos, fusionada y confundida con él como se confunden los colores de la libreta de los pensamientos de Antonio con los pensamientos pictóricos del cuadro de Kandinsky.
Como dice nuestra directora: "Pilar es un personaje que tiene la enorme dificultad de no saber quién es". Sin embargo, posee un tesoro: la posibilidad de otorgar su propia luz a aquella resplandeciente con que, sin cegarla, la interrogarán todas esas 'misteriosas presencias' que le otorgan su mirada y que se le presentarán a través de las pinceladas de los grandes maestros. Con todas ellas nuestra protagonista empezará a dialogar. De este modo, a la vez que Pilar descubre el mágico y fascinante mundo del arte también descubrirá todo un mundo de mitos y símbolos que irán aportando sentidos y significados a su propia historia.
"Pilar es una mujer que evoluciona"-nos dice Iciar Bollain. Y lo hace a través de idas y venidas -agregaría yo-. "Empieza completamente perdida y termina recompuesta, va floreciendo…"- nos dice la directora. Y nosotros vamos a ser los espectadores de ese bellísimo florecimiento de Pilar a lo largo de toda la película, florecimiento que comienza con su entrada en un espacio grandioso, misterioso y mágico como lo es el interior de la catedral de Toledo. De la mano de Velázquez, Tiziano y Esteve, Pilar comenzará a verse interrogada por unas 'misteriosas presencias' masculinas de mirada severa con las que comenzará a dialogar. Pero…de todas ellas hay una femenina que parece crearle una cierta perplejidad y que es 'el vivo retrato de un dolor': 'La Dolorosa' de Morales. Dolorosa que la encarna a ella misma en su identificación con una 'madre dolorosa' que silencia el dolor y goza del martirio-como descubrirá y le increpará más tarde Pilar en su dura confrontación con ella. Dolorosa magníficamente interpretada por Rosa María Sardá que "lleva a cabo con generosidad -siguiendo las palabras de la directora- la desagradecida labor de dar vida a un personaje que silencia el problema y que, por tanto, lo consiente como se ha hecho durante tantos años". Ella encarna a esa madre de mirada transida que desea que sus hijas 'se casen como Dios manda' (¿cómo ella manda?) y no 'de cualquier manera', o sea 'a la propia manera de ellas'. Esa madre que provocará que Pilar arroje por el balcón el vestido de novia (arrojando también una parte de ella misma) que ésta había comprado para Ana y que a ambas se les representa casi como la marca del ultraje.
Más tarde Pilar, guiada por ese 'genio rebelde, místico y viajero' que fue El Greco irá recuperando mediante el goce estético, al contemplar el lienzo de 'El entierro del Conde de Orgaz', una emoción con que la veremos gozar y vibrar y que la ennoblecerá y dignificará ante nuestros ojos. De esta manera, nuestra protagonista podrá ir asumiendo de otro modo el dolor, y se verá convocada por el llamado del despertar de su vocación que le revelará y descubrirá una parte desconocida de sí misma como un segundo nacimiento. Meditará sobre él y 'abrirá sus ojos a las sensaciones'. Entonces, el color blanco de ese silencio con que se había inscrito su sufrimiento en la historia de su cuerpo, ese blanco que no sonaba y no dolía, sonará 'en el centro mismo de su dignidad rota por la infamia'. Por eso Pilar, en la jefatura de Policía exclamará sollozando: "No tengo nada por fuera. Es por dentro. Lo ha roto todo…, todo…"
"La película -como dice Iciar Bollain- es una película de silencios y sonidos muy nítidos". De esta manera, podemos casi escuchar como el silencio de Pilar se transforma en un 'silencio roto' y el ruido de Antonio en un 'ruido mudo' a través del que contemplará a nuestra protagonista desde la ventana de su casa en la que será su despedida definitiva hacia la vida y hacia ese tiempo futuro que podrá concebir como un 'tiempo de esperanza'.
La directora nos dice: "En la investigación descubrimos que hasta que la mujer no pierde la esperanza de que las cosas van a cambiar no empieza a abrir los ojos y poder pensar en la posibilidad de separarse (…). Así, nuestro personaje es una mujer que sigue esperando que entre por la puerta el hombre del que se enamoró". Pero…para perder algo es primero necesario el poseerlo. De esta manera, Pilar emprenderá el arduo y doloroso camino de saber quién es ese hombre del que se enamoró y quién es esa mujer que sigue presa de una pasión fatal. Y Pilar también confiará y creerá en las posibilidades de Antonio hasta que un día amargamente le dirá: "Ya no te quiero, ni te creo. Ni te voy a querer nunca más". Y hasta que definitivamente un día, quizá acompañada en su fantasía por 'dos de las Gracias' del cuadro de Rubens representadas por sus dos amigas, recogerá los pocos enseres de aquella infernal casa en que 'vivió sin estar viviendo'.
De esta manera, renunciando a su 'esperanza junto a Antonio' ganó otra que sería esa que María Zambrano describía como: "Esa esperanza que nada espera, que se alimenta de su propia incertidumbre: la esperanza creadora; la que extrae del vacío, de la adversidad, de la oposición, su propia fuerza sin por eso oponerse a nada". Esa misma esperanza que, quizá, incitó a las dos mujeres creadoras de esta historia a resistirse -como ellas mismas dijeron- a que Pilar muriera pensando que este final que muchos esperaban no lo acababan de sentir como genuinamente verdadero. Quizá, también, la misma esperanza que le llevó a su directora a declarar tras finalizar el rodaje: "Hay también una responsabilidad en cómo acabas una película y qué mensaje dejas. La salida existe, y la hay y hay muchas mujeres que la encuentran (…) 'Te doy mis ojos' cuenta la historia de Pilar y Antonio, pero también de quienes les rodean. Una hermana que no entiende. Un hijo que mira y calla. Unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade con su esplendor artístico y su peso histórico y religioso una dimensión más a esta historia de amor, de miedo, de control y de poder".
Una "historia de amor de amor, control y poder" que logra que nuestra protagonista salga transformada como la Eurídice del último libro de Claudio Magris "Así que usted comprenderá", a través del que este autor realiza una revisión del mito de Orfeo y Eurídice. Pilar, como la Eurídice de Claudio Magris, podrá hablar desde el más allá -su más allá- y explicar por qué no quiere volver a ver a su amado. Afortunadamente, "los mitos son también impuros"- como dice C. Magris.
Si al comienzo de mi trabajo comencé citando los versos de Luis Cernuda en la medida en que creía que reflejaban el tipo de vínculo que Antonio y Pilar mantenían, el bello proceso de transformación interior de nuestra protagonista me ha permitido evocar los versos de otra poeta: Beatriz Hernanz, con los que desearía finalizar mi exposición.
-el dolor también es un camino-
(…)
Mi verso ahora es estar,
Y las heridas se elevan en su silencio de humo,
Ya me peino sin espejos.
Y el mar me dice: nunca más.
Mis párpados son mis últimas palabras.
Fdo: © Mercedes Puchol Martínez
Junio, 2009.